Terapia física brinda fuerza adicional a adolescente luego de cirugía de rodilla

Christine Anuncio radial de Kendal Anuncio impreso de Kendal Christine era alumna del octavo grado cuando un paseo casual en bicicleta terminó en un viaje a la sala de emergencias.

“La cadena de mi bicicleta se rompió, salí volando sobre el manubrio y aterricé con toda mi fuerza sobre mi rodilla,” recuerda. “Mi vecino me llevó en el auto hasta mi casa y mi hermano me cargó hacia adentro. Luego llamamos a mi mamá que estaba en el trabajo. Para cuando llegó a casa, mi rodilla tenía el tamaño de una pelota de fútbol.”

Llevaron a Christine al hospital. En el hospital, una radiografía dejó ver que no había fracturas óseas, aunque una MRI reveló una rotura en su ligamento cruzado anterior (ACL). Con la esperanza de que la lesión se curara sin tratamiento, Christine usó un aparato ortopédico y no caminó durante unos días hasta que pudo soportar peso en su rodilla nuevamente. Pronto se olvidó de la lesión, aunque se le había aconsejado ver a un especialista para una atención médica de seguimiento.

Para cuando Christine iba al segundo año del colegio secundario, su rodilla comenzó a salirse de lugar en momentos extraños. Allí fue cuando se dio cuenta de que era necesario un tratamiento definitivo si quería ser cheeerleader, seguir jugando al fútbol y practicando step dancing.

Luego de considerar varios especialistas diferentes, ella y su familia se decidieron por el Dr. Randolph Cohen debido a su amplia experiencia en el tratamiento de lesiones deportivas en niños. “Era altamente recomendado en nuestra zona y también resultó ser una persona muy agradable, con los pies en la tierra,” comenta Christine. “Era alguien en quién podía depender.”

El seguimiento ya tardío de Christine demostró que durante los dos años desde la lesión, su ligamento cruzado anterior se había deteriorado y una rotura parcial se había desarrollado en su menisco, un enclavamiento de cartílago en la rodilla. El Dr. Cohen le recomendó someterse a una operación lo más pronto posible para solucionar ambos problemas.

Christine se sometió a la cirugía en el Joe DiMaggio Children’s Hospital sólo tres días después de su cumpleaños número dieciséis y, en unos pocos meses, se recuperó completamente. Al igual que sus amigos, ahora puede disfrutar de la nueva libertad que significa una licencia de conducir. Pero es su movilidad física ganada con sudor lo que más importa.

Christine reconoce su régimen de terapia física posquirúrgica por presentarle desafíos mentales y físicos, con excelentes resultados.

“El tener que hacer esos ejercicios en realidad hizo mi cuerpo incluso más fuerte de lo que era antes,” dice. “Ahora puedo correr a gran velocidad. Y en el baile de comienzo de año del colegio, pude realizar todos los movimientos que quería. Me siento de maravilla, como hace algunos años.”

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